jueves, 2 de febrero de 2017

Los hombres me explican cosas

En una ocasión un hombre vino de frente a mí, me agarró por los hombros y me besó en la boca, afortunadamente con este beso se dio por satisfecho y siguió su camino. 

Este, que podría ser alguno de los episodios de violencia contra las mujeres que Rebecca Solnit narra en su libro Los hombres me explican cosas, no es un episodio aislado en mi vida.

En otra ocasión, yo cruzaba por un semáforo y el coche que había parado delante de mí, amagó con comenzar la marcha como si fuera a atropellarme para pegar un frenazo casi a mis pies. Eché a correr sobresaltada mientras los 4 hombres del coche estallaban en carcajadas asomados a las ventanillas. Consideraron que era suficiente diversión, pero yo no fui capaz de dejar de correr hasta alcanzar la seguridad de mi portal. 

Seguramente si me esfuerzo, puedo recordar otras ocasiones en las que me he sentido acosada por un hombre, ocasiones en las que me tocaron el culo o me impidieron el paso al aseo en un bar de copas con el argumento: «o me das un beso o no pasas».

Son numerosas las veces en que me han dicho alguna guarrada por la calle, o me han llamado puta o fácil por ejercer mi sexualidad con la misma libertad que cualquier hombre. 

Son estos hechos y otros de mayor gravedad, los que Rebecca Solnit denuncia en su libro Los hombres me explican cosas, violencia contra la mujer, manifestada de muy diversas formas e intensidades, violencia física y verbal, actitudes opresivas, arrogantes, invasivas y paternalistas.

Todas ellas con un común denominador: el agresor es un hombre y la agredida una mujer. Porque sí, en ocasiones las mujeres agreden a los hombres, pero #todaslasmujeres hemos conversado sobre las medidas que tomamos si caminamos solas y de noche por la calle. 

Me extrañaría que ningún hombre haya mantenido esta conversación, no creo que ninguno cambie de acera si va a cruzarse con un grupo de mujeres, o mire hacia otro lado y se haga el despistado, pero siempre mirando por el rabillo del ojo. No, sinceramente no lo creo.

Recientemente la cantante Madonna pronunció un discurso en la entrega del premio Billboard a la Mujer del año en el que denunciaba las numerosas ocasiones en las que a lo largo de su vida se había sentido agredida, violentada y menospreciada por su condición de mujer. 

Es fantástico que las mujeres con proyección pública denuncien estos hechos, porque todo esto de lo que habla Madonna en su discurso no le ha ocurrido por ser Madonna si no por ser mujer. 

Estos hechos y actitudes de las que ella habla pueden parecer excepcionales pero no lo son, en general, las mujeres vivimos infinidad de actitudes invasivas sobre nuestra persona, aunque no nos paremos a meditarlo y excepto en los casos más dramáticos hayamos aceptado y normalizado estas conductas y actitudes que suponen una invasión de nuestra intimidad.

Además de soportar estas actitudes, en la mayoría de las ocasiones la carga de la responsabilidad cae del lado de la mujer, estaba sola, vestía demasiado sexy, fue demasiado amable y extrovertida, es una histérica y una exagerada, solo es una broma, no tiene sentido del humor. 

No hay más que acudir a las redes sociales para encontrar uno de los ejemplos más claros: «Parece que en internet el equivalente a una minifalda es una opinión. Tener una y mostrarla parece ser una manera de invitar a que una amorfa masa de violentos tecleadores, en su mayor parte hombres, te describan cómo les gustaría violarte, asesinarte y mearte encima» – testimonio de la columnista Laurie Penny, reflejado en Los hombres me explican cosas.

En su libro, Rebecca Solnit hace hincapié en la agresividad de los hombres y la importancia de modificar la percepción de la hombría. «¿Cuál es el problema con la hombría? Hay algo acerca de cómo se visualiza la masculinidad, en cómo es loada y promovida, en la manera en que se transmite esta a los niños, que necesita ser identificada» 

Y ante todas estas críticas «la respuesta corporativa» que dan los hombres: «no somos todos los hombres».

«[…] Es la manera en la que algunos hombres dicen, yo no soy el problema, […] para proteger su zona de confort de hombres espectadores […] ¿Qué quieren, una galleta?». 

Pero también es cierto que «cada vez más hombres se comprometen con esta lucha en vez de ser simplemente espectadores #NotAllMen». Por supuesto que estos hombres también existen, hombres estupendos y maravillosos que entienden la complejidad de esta lucha por la igualdad y el respeto mutuo y que participan en ella, no solo desde el activismo social si no con su actitud diaria, en lugar de mirar para otro lado.

 Los hombres me explican cosas comienza con «un ejemplo ridículo de paternalismo masculino» y termina hablando de crímenes muy graves. 

Rebecca Solnit, explica: «Un hombre actúa en la creencia de que no tienes derecho a hablar y que no eres nadie para definir qué es lo que está pasando. Esto puede significar cortarte durante una conversación en la cena o durante una conferencia. También puede significar que te digan que te calles, o amenazarte si se te ocurre abrir la boca, o darte una paliza por hablar, o asesinarte para silenciarte para siempre. […] Allí está él para decirte que no tienes derechos».

 Aunque pensemos que podemos separar por categorías estas actitudes y que no es lo mismo una ridícula escena de paternalismo que una violación o un asesinato, el germen está en el mismo lugar, «el rechazo a los derechos humanos más básicos, el derecho a la integridad corporal y a la libre determinación de la persona».

 La vulneración de estos derechos está presente en multitud de situaciones de la vida cotidiana de las mujeres y no solo se trata de violación y asesinato (mucho más frecuentes de lo que creemos).

 Si decido asumir la responsabilidad de la maternidad, inmediatamente me convertiré en una «madre enloquecida», como hace unos días escribía Javier Marías, ¿qué necesidad tenía de menospreciar de esa forma a un colectivo que ya de por si lo tiene bastante complicado?, si por el contrario decido no ser madre, entonces seré una egoísta egocéntrica.

 Si decido no tener un trabajo remunerado fuera de casa me llamarán mantenida, pero si por el contrario tengo que dejar a mi hija en una guardería durante ocho horas diarias para poder desarrollar mi carrera profesional entonces seré malamadre.

  Una de las cosas que más me desconcierta de todo esto, es que no solo me he sentido acosada por hombres, las mujeres también tienen su parte en todo esto.

Sí aún te quedan dudas sobre todo esto de lo que hablo, te recomiendo que no dejes de leer Los hombre me explican cosas, un claro alegato en contra de la desigualdad y la violencia de género, una denuncia «de como los hombres muestran una autoridad que no se han ganado, mientras que las mujeres han sido educadas para aceptar esa realidad sin cuestionarla». 


«El término mansplainning conjuga man (hombre) y explaining (explica), en alusión a este fenómeno: Cuando un hombre explica algo a una mujer, lo hace de manera condescendiente, porque, con independencia de cuánto sepa sobre el tema, siempre asume que sabe más que ella».

#Yesallwomen #TodasLasMujeres #NotAllMen #Mansplaining

Los hombres me explican cosas. Rebecca Solnit. Capitán Swing, 2015. 143 páginas. 16 euros.






  





                                                            

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