martes, 7 de junio de 2016

Gente, años, vida

       Hace poco más de un año que terminé de leer la fantástica autobiografía de Iliá Ehrenburg, por aquel entonces mi barriga ya tenía un tamaño considerable que me impedía sentarme con comodidad delante del ordenador. Han pasado más de 13 meses pero recuerdo perfectamente la sensación que me dejó el libro, viajar por la Europa de la primera mitad del siglo XX de la mano de Iliá Ehernburg fue una de las experiencias literarias más fabulosas de mi vida. Dos mil páginas plagadas de gente, años, vida.

Siento una profunda admiración por alguien capaz de describir de una forma tan apasionada los recuerdos de toda una vida, de una época intensa en la que los acontecimientos históricos se sucedían sin descanso, pidiendo paso a trompicones y sin dejar a penas tiempo para asimilar el pasado.

Iliá Ehrenburg, un personaje quizá controvertido, se relacionó con numerosos artistas, intelectuales y escritores de la época (Bloch, Romain Rolland, Chagal o Max Jacobs, son algunos de ellos) y mantuvo una buena amistad con muchos otros (Picasso, Modigliani, Leger, Diego Rivera, Maiakovski, A Tolstoy...) Fue un asiduo visitante del mítico café La Rotonde donde «conocí a personas que desempeñaron un papel importante en mi vida». No fue un mero observador de cuánto allí sucedía, si no uno más de los interesantísimos personajes que se daban cita en La Rotonde. Ehrenburg dedica una buena parte de sus memorias a todos ellos:

Picasso «Por supuesto es español, tanto por su físico como por su carácter […] En su estudio de la rue Grands Augustin siempre encontraba emigrados españoles. Picasso nunca niega nada a los españoles».

Modigliani «Los lienzos de Modigliani contarán muchas cosas a las generaciones futuras. Pero yo los miro y veo ante mí al amigo de mi lejana juventud. ¡Cómo amaba a los hombres, cómo se inquietaba por ellos!».

A. Tolstoi «Pienso en él con profundo agradecimiento [...] No me dio lecciones, pero sí muchas alegrías con su arte, la finura de su alma, disimulada a menudo bajo una máscara de alegría, sus ganas de vivir, su fidelidad a los amigos, a la gente, al arte».

Diego Rivera «Rivera era esa clase de personas que no entran en una habitación, sino que la llenan al instante. Nuestra época oprimió a muchos, pero él no cedió, y fue su época la que tuvo que transigir».

Leger «Lo que le emparentaba con otros pintores que frecuentaban La Rotonde era su odio a la hipocresía, a la pintura decorativa, a la manía de tapar con cortinas las viejas paredes de las habitaciones mohosas. [...] Leger, en su juventud, quería construir y no destruir. Vivió hasta los setenta y cinco años, y en su biografía no hay cataclismos, sólo un cambio de estaciones, y trabajo, un trabajo constante, inspirado».

Habla de ellos y de muchos otros con amor y con profunda añoranza evoca los recuerdos de una época difícil pero a la vez hermosa e idealista, « [...] queríamos que en el nuevo mundo hubiera lugar para algunas cosas muy antiguas: el amor, la belleza y el arte».

Viajero incansable, visitó numerosos países, entre ellos España, donde fue corresponsal de prensa durante la Guerra Civil y por la que sentía un gran amor.

Fue un activo defensor de la paz y formó parte del Consejo Mundial de la Paz junto con otros activistas como Louis Aragón, Pablo Neruda, Joliot-Curie o Yves Farge, de quién dice: «En aquellos años más de una vez me sentí abatido, desesperanzado y lleno de aprensión, pero Farge que me contagiaba siempre su esperanza [...] Era un hombre demasiado bueno, demasiado puro, demasiado optimista como para creer en el triunfo de la bajeza y la maldad».

Fue seducido por el comunismo y colaboró con el régimen en distintas facetas artísticas, culturales y de propaganda, aunque a lo largo del libro manifiesta ser consciente de los atropellos, injusticias y barbaridades que en nombre del comunismo se cometieron durante muchos años y su total desacuerdo con estos crímenes. Él mismo sufrió el miedo y la incertidumbre de no saber en que momento irían a por él. Iliá Ehrenburg, a pesar de ser reconocido como propagandista del comunismo fue un hombre molesto para el régimen soviético, de hecho, su autobiografía fue censurada en la Unión Soviética hasta 1990.

Después de leer sus memorias, decir que dedicó su vida a la propaganda me parece algo superficial, pero entiendo que cada uno tendrá su opinión al respecto.

Lo más inquietante es que muchas de sus reflexiones sobre aquella época convulsa y catastrófica, están hoy de máxima actualidad, ¿será posible que los europeos no hayamos aprendido nada de los errores de nuestro pasado? «El mal radica en que las personas consideran que sus costumbres o, como dicen ahora, su forma de vida, son las únicas justas y condenan, si no en voz alta, sí en su fuero interno, todo cuanto se aparta de ellas».

No me cabe ninguna duda de que volveré sobre los pasos de Iliá Ehrenburg, tengo la más absoluta certeza de que en un futuro volveré a sumergirme en sus fantásticas memorias, un resumen excepcional de la primera mitad del siglo XX, desde la Revolución Bolchevique hasta la Guerra Fría.