lunes, 5 de diciembre de 2016

Una madre, lo siento pero no.

Durante meses, una musiquilla machacona anunciaba en redes sociales el gran éxito de la temporada, Una madre. Lectores entusiasmados con la novela de Alejandro Palomas promocionaban con frenesí desbordado las hazañas de una madre entrañable y su dramática familia. Empujada por tanta exaltación dejé a un lado mis prejuicios sobre los autores de actualidad (este tema me daría para otra entrada), cedí ante la avalancha de ardientes recomendaciones y Una madre entró en mi lista para la Feria del libro.

Me pasé toda la novela esperando algo, ese algo que todos prometían, la gran novela, la novela que llega al corazón, un madre maravillosa y peculiar, Amelia, esa madre que me iba a fascinar, hasta la mujer que me vendió el libro en la Feria me dijo que el personaje era fantástico y me iba a entusiasmar, ¿por qué, porque tiene cómo llamarlo… «sus cosas»? ¿y qué madre no las tiene?, la mía desde luego que sí y mi abuela ni te cuento, pregunta a Mr. Feynman y seguramente se partirá de risa pensando en mi colección de «cosas», porque yo también soy madre.

No digo que sea una mal libro, lo que digo es que mis expectativas fueron cebadas sobremanera por toda la promoción que del libro se hizo en redes sociales. En mi opinión es un libro bonito pero discreto de los que hay cientos, «novela grande» es otra cosa.      

   Qué ingenua, se trataba simplemente de «un escritor de éxito en promoción».                                     
 
     Eso sí, siento curiosidad por saber cuál es exactamente la «voz de maestrilla mesetaria».       

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