sábado, 24 de diciembre de 2016

Historias de Navidad

Quería felicitarte las fiestas con dos historias de Navidad, la primera, el famosísimo Cuento de Navidad de Charles Dickens, cayo en mis manos hace muchos años, ni si quiera recuerdo en qué circunstancias, probablemente fueron mis abuelos quienes me regalaron esta edición infantil alguna Navidad. Lo que sí recuerdo era sentarme cada año por estas fechas en la mecedora de su dormitorio, junto a la ventana para leer las historias del señor Scrooge y sus fantasmas.

La otra historia, un breve relato de Dylan Thomas, La Navidad para un niño en Gales, es un librito al que tengo mucho cariño y del que disfruto enormemente ya que algunas de sus escenas me trasladan directamente a la Navidad de mi infancia.

Aprovecho para contarte que  mañana a las doce del medio día vuelve el radioteatro de la Cadena Ser, este año precisamente con Cuento de Navidad de Charles Dickens.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Una madre, lo siento pero no.

Durante meses, una musiquilla machacona anunciaba en redes sociales el gran éxito de la temporada, Una madre. Lectores entusiasmados con la novela de Alejandro Palomas promocionaban con frenesí desbordado las hazañas de una madre entrañable y su dramática familia. Empujada por tanta exaltación dejé a un lado mis prejuicios sobre los autores de actualidad (este tema me daría para otra entrada), cedí ante la avalancha de ardientes recomendaciones y Una madre entró en mi lista para la Feria del libro.

Me pasé toda la novela esperando algo, ese algo que todos prometían, la gran novela, la novela que llega al corazón, un madre maravillosa y peculiar, Amelia, esa madre que me iba a fascinar, hasta la mujer que me vendió el libro en la Feria me dijo que el personaje era fantástico y me iba a entusiasmar, ¿por qué, porque tiene cómo llamarlo… «sus cosas»? ¿y qué madre no las tiene?, la mía desde luego que sí y mi abuela ni te cuento, pregunta a Mr. Feynman y seguramente se partirá de risa pensando en mi colección de «cosas», porque yo también soy madre.

No digo que sea una mal libro, lo que digo es que mis expectativas fueron cebadas sobremanera por toda la promoción que del libro se hizo en redes sociales. En mi opinión es un libro bonito pero discreto de los que hay cientos, «novela grande» es otra cosa.      

   Qué ingenua, se trataba simplemente de «un escritor de éxito en promoción».                                     
 
     Eso sí, siento curiosidad por saber cuál es exactamente la «voz de maestrilla mesetaria».       

martes, 4 de octubre de 2016

Viajes con Charley, en busca de Estados Unidos

     Mi primer acercamiento a J. Steinbeck fue más bien desafortunado, cansada de tanto polvo en el camino abandoné Las uvas de la ira poco después de empezar su lectura. Mr. Feynman me recomendó que probara con De ratones y hombres, pero el recuerdo del polvo seguía torturándome y provocándome una pereza terrible, probablemente no había tanto, pero en palabras de J. Steinbeck […la memoria es en el mejor de los casos, un depósito defectuoso y deformado.] y en mi memoria el deposito de polvo era lo suficientemente pesado como para atreverme otra vez con él. Los autores norteamericanos no son para mí, he pensado siempre, pero ese tema da para otra entrada entera, así que lo dejaré para más adelante.

    Sería la Unión Soviética y la compañía de Robert Capa quienes me convencieran por fin de darle una segunda oportunidad, Diario de Rusia logró que dejará atrás el tortuoso polvo del camino y que J. Steinbeck se convirtiera en una de las pocas excepciones a la regla de los autores norteamericanos.

    Hace unos días regresé de un bonito viaje por los Estados Unidos en compañía de John, Charley y Rocinante, he de confesar que con el hecho de que eligiera Rocinante como nombre para bautizar su autocaravana me ha conquistado para siempre, Rocinante, ¡qué acierto! 



    La primera parte del viaje fue especial para mí porque recordé las dos fantásticas semanas que Mr. Feynman y yo pasamos descubriendo Nueva Inglaterra hace algunos años. Del mismo modo que el Sr. Steinbeck, procuramos evitar atravesar las grandes ciudades aunque tuviéramos que recorrer muchos más kilómetros, visitamos Vermont, Maine, Massachusetts, Connecticut, New Hampshire, The White Montains, donde un oso nos dejó con la boca abierta cruzando por delante de nosotros (afortunadamente ignorándonos por completo) mientras nos hacíamos una fotografía junto a un puente.

     Steinbeck disponía de dos meses y medio más que nosotros por lo que pudo permitirse pasar por el Medio Oeste, ¿seguirá siendo Montana el lugar idílico que él amaba?; California, que seguramente entonces ya era muy parecida a la California de hoy; Tejas y sus botas de cowboy; y el sur, el trágico sur.

    Pero el libro es interesante no sólo por la narración del viaje si no por muchas de las reflexiones sobre la forma de vida de los estadounidenses, el miedo, el racismo o las armas, entre otras muchas.

    Probablemente los Estados Unidos que recorrió en 1960 J. Steinbeck no tengan mucho que ver con los del siglo XXI o tal vez sí, pero tengo la sensación de que como muchos otros lugares ha perdido parte de su bonito encanto y han evolucionado poco sus peores costumbres.