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martes, 7 de marzo de 2017

Susanna Tamaro: una entrevista

A modo de presentación:

Susanna Tamaro es humilde y silenciosa, sedentaria por naturaleza y profundamente reflexiva.

Yo diría que algo introvertida y desde luego reservada, ama el otoño y teme los petardos, los gritos, el estrépito y el hecho de “tener” que divertirse a toda costa, es por ello que no celebra la Noche de San Silvestre.

       Detesta el triunfalismo, la demagogia y las cortinas de humo. El que no la conoce tiende a considerarla cerrada, neurótica, de malas pulgas. Pero de sus libros se desprende que sus amigos la aprecian y que ella valora enormemente la amistad.

       Vive en una granja en el campo, rodeada de animales.

Empezamos:

¿Hace más de veinte años abandonó la ciudad para mudarse al campo, qué le impulso a llevar a cabo ese cambio?

El cuerpo fue el que me obligó a dar aquel gran paso: una bronquitis asmática me estaba impidiendo respirar, necesitaba aire puro.

¿No le preocupaba sentirse sola?

La soledad es el medio más extraordinario para entrar en intimidad con nosotros mismos.

De cualquier forma no vivo sola, es cierto que no  tengo una familia al estilo convencional, aunque tengo un sentido de la familia muy grande, es algo profundamente innato en mi persona, pero en cierto momento comprendí que no deseaba hijos ni una familia tradicional. No obstante, en casa vivimos siete personas y hemos llegado a ser hasta 12, me gusta tener gente alrededor.

Mi primera entrada sobre usted es una pequeña reseña sobre su libro Donde el corazón te lleve, fue un éxito de ventas, el libro que le dio la fama, sin embargo para usted parece ser un lastre que le encasilló en un tipo de literatura sentimentalista.

En las entrevistas he repetido, hasta dormirme yo misma de aburrimiento, que el “corazón” del título no es el que palpita por una cita o por una mirada, sino la totalidad más profunda del hombre, la imagen del sitio físico en que la razón y emoción se enlaza armoniosamente y se funden en algo más grande.

Lo he dicho y reiterado, pero ha servido de poco o nada: he seguido siendo la experta en intrigas sentimentales. ¡Y pensar que no hay un solo asunto que yo sienta tan sideralmente lejano!

Fue duramente criticada por su colaboración en la revista Famiglia Cristiana. ¿Cómo surgió aquella colaboración, cómo fue la experiencia, le afectaron aquellas críticas?

Cuando Famiglia Cristiana me planteó su oferta yo ya había rechazado algunas propuestas de otras publicaciones en las que me ofrecían comentar los grandes temas de actualidad. Lamentablemente, no siento inclinación por ese tipo de reflexión, soy lenta al enfocar bien las cosas y aún más lenta e indecisa en extraer de ellas cualquier conclusión.

En la oferta de Famiglia Cristiana había algo diferente, más adecuado a mi persona, me pedían que expusiese una especie de diario epistolar, en el que podría hablar con gran libertad. Después de largos titubeos acepte la oferta.

Durante los primeros meses experimentaba una terrible ansiedad que poco a poco fue desapareciendo. Al principio fue verdaderamente difícil, para llevar a su término cada carta – entre incertidumbres, dudas, miedos de no conseguirlo – empleaba dos o tres días. Después poco a poco todo se volvió más fácil y la nota semanal, se convirtió en un pequeño oasis feliz.

No tiene ni idea de cuantas veces, a lo largo de esos meses, oí que me repetían monótonamente esta clase de frases: “me da vergüenza”, “jamás me ensuciaría las manos”, “te has vendido a la Democracia Cristiana”, y así siempre: una retahíla de frases reiterativas y previsibles cuyo único factor unificador era el disgusto y repulsión por la revista y por mi elección al colaborar con ella.

El juicio se ha convertido en un deporte popular. Toda persona que tiene la posibilidad de expresarse públicamente se considera de manera automática legitimada para imponer su verdad a los demás condenando sin posibilidad de apelación todo aquello que no sea conforme a dicha verdad.  Nos erigimos en jueces, convencidos que de tal manera manifestamos una superioridad de inteligencia y comprensión; en cambio, cuando juzgamos, hacemos exactamente lo contrario: el juicio es una jaula, una estrecha prisión en la que languidecen además de la libertad de ser, la comprensión y la inteligencia. Frecuentemente esconde sólo prejuicio y condena.

De cualquier forma aquellas críticas no fueron más que uno de los efectos secundarios de la notoriedad.

La notoriedad ¿le ha traído algo positivo? 

Por su puesto, por ejemplo, a lo largo de estos años he recibido muchísimas cartas extraordinarias por su humanidad, intensidad y profundidad. Son cartas que me dan también una gran felicidad en tanto que manifiestan la presencia, en nuestro país, de personas adultas y maduras que tienen la valentía de interrogarse a sí mismas y poner nuevamente las cosas en tela de juicio.

¿Qué busca en sus libros?:

En mis libros hay siempre una búsqueda sobre el fundamento de los sentimientos, sobre aquello que da sentido, arraigo y riqueza a una vida.

Escribir es una actividad estrechamente relacionada con la evolución de un autor. Los libros no deberían ser género pre-confeccionado.

A menudo recibo cartas de personas que quieren convertirse en escritores – o sienten serlo – y solicitan consejos para ascender más rápidamente los peldaños de esta carrera.  Entendida así, la escritura se parece a un trampolín para saltar hacia la visibilidad social, y, por lo tanto, se vuelve inútil para sí misma. En cambio, yo estoy convencida de que la escritura no sirve para hacerse ver si no para ver. Escribir es uno de los sistemas más simples y más profundos para aclarar el interior de uno mismo y para dejar un recuerdo de nuestras existencias.

Para relatar cualquier cosa hace falta una mirada, y la mirada pertenece a una persona. La mayor parte de las veces, aquello que se ha de relatar está muy cerca de nosotros, y, para ser relatado, requiere una gran simplicidad.

Lo importante es no volverse rígidos, no juzgar, no decidir a priori, sino mantenernos relajados y ligeros como un niño que juega.

Manifiesta cierto pesimismo respecto del mundo y la sociedad actual, cree que estamos abocados al desastre.

El periodo de las ideologías y de los grandes sueños utópicos ha terminado. En su lugar se ha formado un vacío, y este vacío da miedo. No existe ya la idea de la “construcción”, el concepto de que, construyendo, uno se construye a sí mismo. “Quiero lo máximo, lo quiero enseguida, lo quiero sin esfuerzo” parece ser la consigna de la sociedad actual.

Se ha implantado el Totalitarismo del ego: Todo aquello que me hace feliz es lícito, lo demás no me interesa. Y en este totalitarismo del ego se insertan las señales visibles de la degradación del corazón: la intolerancia, el racismo, la ausencia de compasión, de coparticipación, la incapacidad de escuchar.

Afortunadamente, algo está empezando a cambiar: cada vez mayor número de personas son conscientes de que la lucha por una calidad de vida mejor no es un lujo secundario, sino un derecho a vivir civilizadamente y una riqueza para dejar en herencia a quien nos siga.

¿A qué se dedica cuando no escribe?

Mi ocupación predilecta es la horticultura, cultivo un huerto a escasos metros de mi cocina, además siento pasión por las plantas medicinales.

Me interesa mucho la cultura oriental, desde hace años practico artes marciales, yoga y meditación.

Me gusta comenzar el día dando un paseo y correr al anochecer, es una forma de meditación, en estos tiempos tan confusos y contradictorios hay una gran necesidad de acercarse a la parte más verdadera y profunda de uno mismo.

Soy aficionada a la entomología y la ornitología. En mí pasión naturalista hay pocas cosas que me hayan fascinado tanto como la emigración de las aves.

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No tenía muy claro cómo enfocar esta nueva entrada sobre Susanna Tamaro para la iniciativa Adopta una autora. Cualquiera que busque datos objetivos sobre casi cualquier cosa o personaje con algo de proyección pública puede encontrarlos fácilmente entrando en Wikipedia.

Pero yo quería ir más allá de los simples datos objetivos: lugar y fecha de nacimiento, biografía, bibliografía, premios, si te interesan puedes encontrarlos como ya te he dicho en el siguiente enlace a Wikipedia.

Dando vueltas a este tema me surgió la idea de plantear mi presentación de la autora en formato de entrevista. Tendría que ser una entrevista ficticia puesto que acceder a ella habría sido maravilloso pero demasiado complicado. Tras darle muchas vueltas me decidí por esta opción, de esta forma ha sido la misma Susanna Tamaro quien se ha descubierto ante nosotros, sus reflexiones son las que han dado pie a mis preguntas.

 Sí, esta es una pequeña entrevista ficticia para la que he utilizado como fuente su recopilación de cartas para la revista Famiglia Cristiana. Una colaboración por la que fue duramente criticada. Yo misma tuve que vencer ciertos prejuicios cuando me planteé su lectura, pero fue una suerte dejarlos de lado porque Querida Mathilda es un libro interesante en el que la autora plantea, en formato epistolar, sus opiniones, sensaciones y sentimientos al respecto de numerosos temas: la infancia, la sociedad actual, el matrimonio, la educación, el dinero y el poder, la escritura…

En mi opinión, durante la mayor parte del libro deja a un lado sus creencias religiosas sin pretender aleccionar desde esa perspectiva, lo que para mí resulta muy grato e incluso llegan a sorprenderme algunos de sus puntos de vista.

La parte final si contiene cierta reflexión con cuya perspectiva no estoy muy de acuerdo. Pero si quieres saber a qué me refiero tendrás que leer el libro y sacar tus propias conclusiones, no seré yo quien juzgue a Susanna Tamaro.

Querida Mathilda. Susanna Tamaro. Seix Barral. Barcelona, 2001. 
192 páginas. 9,61 euros.




jueves, 16 de febrero de 2017

Reportajes antifascistas

«La historia no tiene prisa». – I. Ehrenburg
        
Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial en el otoño de 1939, con la invasión del Corredor de Danzig (o Corredor Polaco) por parte del poderoso Tercer Reich, el nacionalsocialismo llevaba ya seis años gobernando Alemania. Durante ese tiempo (e  incluso desde algunos años antes) se encargó de ir perfeccionando su maquinaría de odio y represión, tejiendo poco a poco, una tela de araña que le permitiría someter a toda Europa al mayor grado de terror y destrucción que ha conocido su historia.

El ideario que alimentaba esta maquinaria no era nuevo. Racismo, xenofobia, antisemitismo, nacionalismo… ya habían enarbolado banderas en otras ocasiones, pero fue su gran capacidad logística la que permitió que las cifras se multiplicaran, esta vez, de una forma abrumadora.

Dentro de esta logística desarrollaron un papel fundamental los campos de concentración. Auschwitz, Mauthausen, Dachau, se hicieron tristemente famosos por el grado de desarrollo que el terror alcanzó en sus entrañas, pero la historia de estos recintos no comienza con el desalojo de los guetos si no mucho antes, nada más llegar el partido Nazi al poder. Uno de los primeros fue el ubicado en una fábrica de cerveza de la ciudad de Oranienburg, donde fueron internados muchos de los opositores y enemigos del partido Nazi, entre ellos el periodista y escritor holandés Nico Rost, que pasó allí varias semanas en el año 1933 y que tras su liberación, describiría en su libro Un campo de concentración en el Tercer Reich los métodos empleados por las S.S. y las S.A. para acabar con cualquier tipo de oposición y resistencia a sus planes. Nico Rost vivió en primera persona el nacimiento de este sistema de represión, que se iría perfeccionando con los años hasta alcanzar un grado de terror que el mismo Rost sufriría años después en Dachau.

Con el estallido de la guerra civil española las potencias occidentales, más preocupadas por el comunismo que por los regímenes fascistas, firmaran un Pacto de no intervención que Alemania e Italia no tendrán ningún interés en cumplir, el resto de democracias occidentales abandonarán al régimen democrático español escudándose en este Pacto y mirando hacia otro lado mientras Hittler y Musolini prueban sus poderosas armas de guerra contra la población española. Una vez más, la historia no tiene prisa y años más tarde occidente sufrirá los siniestros planes del nacismo.

La República Española fue abandonada por las democracias occidentales, pero un amplio número de escritores y periodistas viajó a España para dar fe de los terribles acontecimientos y enviar sus crónicas desde el frente. Fueron muchos los corresponsales de prensa, activistas antifascistas, que pusieron voz a la guerra civil española, entre ellos Nico Rost, que reunirá sus vivencias en un pequeño libro, Desde el frente libertario español.

Llegados a este punto he de comentar que si hay algo que me gusta de un libro es que conecte con otros libros, otros personajes u otros escritores, libros que llevan a otros libros, escritores que llevan a otros escritores. Encontrarme con Iliá Ehrenburg por las páginas de este libro fue una agradable sorpresa.

La Segunda Guerra Mundial ha terminado y es momento de que la vida vuelva a abrirse paso, pero la vieja Europa ya no volverá, son muchas las cosas que han cambiado, que han desaparecido, entre ellas los antiguos barrios judíos. Nico Rost narra con nostalgia los recuerdos de una infancia entre las callejuelas del barrio judío de Groninga en Los amigos de mi padre, describiendo las costumbres de las gentes de la Folkingestraat y la Nieuwstad. Tras la Segunda Guerra Mundial, más de tres mil de sus habitantes no volvieron a sus hogares.

En su narración, Nico Rost me recuerda a Stefan Zweig, Iliá Erhenburh, Patrick Leigh Fermor, Chaves Nogales, Joseph Roth, y algunos otros cronistas de aquella vieja Europa que tras dos guerras mundiales quedaría definitivamente enterrada. La historia se tomó su tiempo para destruirla.

Contraescritura ha reunido estos tres relatos de Nico Rost en un mismo volumen bajo el título de Reportajes antifascistasEs de agradecer que su editora, Marta Martínez, no se rindiera tras conocer la gran historia que había detrás de Nico Rost. 


Reportajes antifascistas. Nico Rost. Contraescritura, colección ConTextos, 2016. 
157 páginas. 20,00 euros. 



          

jueves, 2 de febrero de 2017

Los hombres me explican cosas

En una ocasión un hombre vino de frente a mí, me agarró por los hombros y me besó en la boca, afortunadamente con este beso se dio por satisfecho y siguió su camino. 

Este, que podría ser alguno de los episodios de violencia contra las mujeres que Rebecca Solnit narra en su libro Los hombres me explican cosas, no es un episodio aislado en mi vida.

En otra ocasión, yo cruzaba por un semáforo y el coche que había parado delante de mí, amagó con comenzar la marcha como si fuera a atropellarme para pegar un frenazo casi a mis pies. Eché a correr sobresaltada mientras los 4 hombres del coche estallaban en carcajadas asomados a las ventanillas. Consideraron que era suficiente diversión, pero yo no fui capaz de dejar de correr hasta alcanzar la seguridad de mi portal. 

Seguramente si me esfuerzo, puedo recordar otras ocasiones en las que me he sentido acosada por un hombre, ocasiones en las que me tocaron el culo o me impidieron el paso al aseo en un bar de copas con el argumento: «o me das un beso o no pasas».

Son numerosas las veces en que me han dicho alguna guarrada por la calle, o me han llamado puta o fácil por ejercer mi sexualidad con la misma libertad que cualquier hombre. 

Son estos hechos y otros de mayor gravedad, los que Rebecca Solnit denuncia en su libro Los hombres me explican cosas, violencia contra la mujer, manifestada de muy diversas formas e intensidades, violencia física y verbal, actitudes opresivas, arrogantes, invasivas y paternalistas.

Todas ellas con un común denominador: el agresor es un hombre y la agredida una mujer. Porque sí, en ocasiones las mujeres agreden a los hombres, pero #todaslasmujeres hemos conversado sobre las medidas que tomamos si caminamos solas y de noche por la calle. 

Me extrañaría que ningún hombre haya mantenido esta conversación, no creo que ninguno cambie de acera si va a cruzarse con un grupo de mujeres, o mire hacia otro lado y se haga el despistado, pero siempre mirando por el rabillo del ojo. No, sinceramente no lo creo.

Recientemente la cantante Madonna pronunció un discurso en la entrega del premio Billboard a la Mujer del año en el que denunciaba las numerosas ocasiones en las que a lo largo de su vida se había sentido agredida, violentada y menospreciada por su condición de mujer. 

Es fantástico que las mujeres con proyección pública denuncien estos hechos, porque todo esto de lo que habla Madonna en su discurso no le ha ocurrido por ser Madonna si no por ser mujer. 

Estos hechos y actitudes de las que ella habla pueden parecer excepcionales pero no lo son, en general, las mujeres vivimos infinidad de actitudes invasivas sobre nuestra persona, aunque no nos paremos a meditarlo y excepto en los casos más dramáticos hayamos aceptado y normalizado estas conductas y actitudes que suponen una invasión de nuestra intimidad.

Además de soportar estas actitudes, en la mayoría de las ocasiones la carga de la responsabilidad cae del lado de la mujer, estaba sola, vestía demasiado sexy, fue demasiado amable y extrovertida, es una histérica y una exagerada, solo es una broma, no tiene sentido del humor. 

No hay más que acudir a las redes sociales para encontrar uno de los ejemplos más claros: «Parece que en internet el equivalente a una minifalda es una opinión. Tener una y mostrarla parece ser una manera de invitar a que una amorfa masa de violentos tecleadores, en su mayor parte hombres, te describan cómo les gustaría violarte, asesinarte y mearte encima» – testimonio de la columnista Laurie Penny, reflejado en Los hombres me explican cosas.

En su libro, Rebecca Solnit hace hincapié en la agresividad de los hombres y la importancia de modificar la percepción de la hombría. «¿Cuál es el problema con la hombría? Hay algo acerca de cómo se visualiza la masculinidad, en cómo es loada y promovida, en la manera en que se transmite esta a los niños, que necesita ser identificada» 

Y ante todas estas críticas «la respuesta corporativa» que dan los hombres: «no somos todos los hombres».

«[…] Es la manera en la que algunos hombres dicen, yo no soy el problema, […] para proteger su zona de confort de hombres espectadores […] ¿Qué quieren, una galleta?». 

Pero también es cierto que «cada vez más hombres se comprometen con esta lucha en vez de ser simplemente espectadores #NotAllMen». Por supuesto que estos hombres también existen, hombres estupendos y maravillosos que entienden la complejidad de esta lucha por la igualdad y el respeto mutuo y que participan en ella, no solo desde el activismo social si no con su actitud diaria, en lugar de mirar para otro lado.

 Los hombres me explican cosas comienza con «un ejemplo ridículo de paternalismo masculino» y termina hablando de crímenes muy graves. 

Rebecca Solnit, explica: «Un hombre actúa en la creencia de que no tienes derecho a hablar y que no eres nadie para definir qué es lo que está pasando. Esto puede significar cortarte durante una conversación en la cena o durante una conferencia. También puede significar que te digan que te calles, o amenazarte si se te ocurre abrir la boca, o darte una paliza por hablar, o asesinarte para silenciarte para siempre. […] Allí está él para decirte que no tienes derechos».

 Aunque pensemos que podemos separar por categorías estas actitudes y que no es lo mismo una ridícula escena de paternalismo que una violación o un asesinato, el germen está en el mismo lugar, «el rechazo a los derechos humanos más básicos, el derecho a la integridad corporal y a la libre determinación de la persona».

 La vulneración de estos derechos está presente en multitud de situaciones de la vida cotidiana de las mujeres y no solo se trata de violación y asesinato (mucho más frecuentes de lo que creemos).

 Si decido asumir la responsabilidad de la maternidad, inmediatamente me convertiré en una «madre enloquecida», como hace unos días escribía Javier Marías, ¿qué necesidad tenía de menospreciar de esa forma a un colectivo que ya de por si lo tiene bastante complicado?, si por el contrario decido no ser madre, entonces seré una egoísta egocéntrica.

 Si decido no tener un trabajo remunerado fuera de casa me llamarán mantenida, pero si por el contrario tengo que dejar a mi hija en una guardería durante ocho horas diarias para poder desarrollar mi carrera profesional entonces seré malamadre.

  Una de las cosas que más me desconcierta de todo esto, es que no solo me he sentido acosada por hombres, las mujeres también tienen su parte en todo esto.

Sí aún te quedan dudas sobre todo esto de lo que hablo, te recomiendo que no dejes de leer Los hombre me explican cosas, un claro alegato en contra de la desigualdad y la violencia de género, una denuncia «de como los hombres muestran una autoridad que no se han ganado, mientras que las mujeres han sido educadas para aceptar esa realidad sin cuestionarla». 


«El término mansplainning conjuga man (hombre) y explaining (explica), en alusión a este fenómeno: Cuando un hombre explica algo a una mujer, lo hace de manera condescendiente, porque, con independencia de cuánto sepa sobre el tema, siempre asume que sabe más que ella».

#Yesallwomen #TodasLasMujeres #NotAllMen #Mansplaining

Los hombres me explican cosas. Rebecca Solnit. Capitán Swing, 2015. 143 páginas. 16 euros.






  





                                                            

jueves, 26 de enero de 2017

El último imperio. Los días finales de la Unión Soviética

Es tradición desde mi más tierna infancia encontrar cada 6 de enero algún libro junto a mis zapatos; El último imperio. Los días finales de la Unión Soviética, de Serhii Plokhy los escoltaba este año.

Por algún motivo que desconozco, siento curiosidad por el gran imperio ruso, sus gentes, sus costumbres, sus artistas, ¿sería Tchaikovsky, Chagall, Chejov? ¿Quién de ellos fomentó mi enorme curiosidad por la historia y cultura de un imperio extenso y lejano? Ya sé, tal vez fue un doctor de nombre Zhivago. Ahora con la globalización, todo parece quedar aquí al lado, pero durante mi infancia, Rusia era el exótico lugar de nacimiento del fabuloso Tchaikovsky, que desde niña me hipnotiza con sus melodías.

Hace un par de inviernos disfruté con gran intensidad de las memorias de Iliá Ehrenburg, que abarcan la primera mitad del s.xx, el final del Imperio de los zares, la Revolución Bolchevique, las dos guerras mundiales, el inicio y parte del desarrollo de la Guerra Fría, para mi gusto, un libro excepcional que reúne muchos de los grandes temas que estudié en los libros de texto de  historia, arte y literatura durante mi etapa escolar.  

El último imperio, como indica su título, describe los días finales de la Unión Soviética y a diferencia de las memorias de Iliá Ehrenburg, gran parte de las escenas de este libro encuentran su imagen correspondiente en mi memoria, imágenes difusas que por algún extraño motivo recuerdo en blanco y negro (mi caprichosa memoria ha desechado los colores de esos recuerdos). Yo sólo tenía 12 años, ninguna curiosidad por la política y escaso interés por la historia del mundo contemporáneo, me interesaban Tchaikovsky, los libros, las muñecas, y el fútbol (sí, era una rareza de la época). Recuerdo a un hombre sobre un tanque dirigiéndose a una multitud en una plaza, algunas entrevistas a otro hombre de escaso pelo y extraña cicatriz en la cabeza, al presidente de los Estados Unidos hablando de arsenales nucleares y Guerra Fría, sin tener yo, muy claro, qué significaba y habiendo descubierto poco tiempo antes, que un muro había separado a los alemanes durante muchos años, un muro, uno más, uno de tantos.

Algo de todo esto había estudiado por encima deprisa y corriendo en el colegio, había que terminar los temarios aunque fuera simplemente nombrándolos, una o dos páginas dedicadas a la Perestroika y la desintegración de la Unión Soviética, por lo que tenía una nube de datos confusos en mi cabeza.

Serghii Plokhy ha aportado claridad a esa nube de datos y recuerdos. El último imperio. Los días finales de la Unión Soviética es un interesante libro donde los datos son suministrados cuidadosamente y sin exceso, sencillo y claro, no aporta infinidad de cifras, fechas o nombres, se centra en los principales protagonistas de los hechos, M. Gorbachov, B. Yeltsin, G.H.W. Bush y L. Kravchuk, aunque desfilan por sus páginas los nombres de otros personajes que de alguna forma también participaron en el desarrollo de los acontecimientos. Las fuentes son numerosas y de primer orden e incluye testimonios de sus protagonistas, todo ello para explicar de forma cronológica como estos hombres consiguieron llevar a cabo la desintegración del último gran imperio de forma pacífica y en apenas unos meses. Un proceso que debía desarrollarse con la mayor delicadeza dado el alto riesgo que suponía la existencia del arsenal nuclear soviético en caso de producirse una conflicto armado en la Unión. Para mi resulta sorprendente descubrir la capacidad que demostraron los protagonistas de este capítulo de la historia, para conseguir que la URSS no siguiera los pasos de Yugoslavia. Me queda la duda de por qué esta vez fue posible y en tantas otras ocasiones no.

Pero aun me surge otra duda: hasta qué punto es objetiva esta narración. Donde terminan los hechos y empieza la interpretación he de confiar en el narrador y sus críticos, puesto que yo lo desconozco todo sobre este tema.

Sin embargo hay un párrafo que me desconcierta enormemente: «Afganistán se convirtió en tierra de nadie, un país dominado por caudillos militares: fueron los talibanes quienes acabaron salvándolo del caos y la violencia diaria. La paz impuesta por los fanáticos religiosos llevó, sin embargo, la destrucción a otros países, pues Osama bin Laden halló cobijo en el antiguo cementerio del ejército soviético». En mi opinión, esta afirmación es una auténtica barbaridad, tal vez los talibanes dieron a Afganistán cierta estabilidad política y militar, pero decir que salvaron al país del caos y la violencia diaria, imponiendo la paz, es absolutamente descabellado, cualquiera que lea esto y no escuchará los telediarios de la época, no será capaz de imaginar la barbarie que supuso para la población civil, (en especial para mujeres y niños) la llegada de los talibanes al poder en Afganistán. El primer país objeto de destrucción como consecuencia de la llegada de los talibanes fue el propio Afganistán, Occidente sólo pagaría las consecuencias de mirar hacia otro lado durante años.

Y es este párrafo el que me permite mantener un velo de sospecha sobre la narración de la historia. Pero aquí, que cada uno saque sus propias conclusiones, por lo que te invito a leer el libro y disfrutarlo tanto como lo he disfrutado yo.


El último imperio. Los días finales de la Unión Soviética. Serhii Plokhy. Turner, colección Noema, 2015. 520 páginas. 34,90 euros. Premio Lionel Gelber 2015

miércoles, 4 de enero de 2017

Segundas oportunidades: Las uvas de la ira

Uno de los motivos por los que abandoné esta novela hace 20 años es su enorme afán descriptivo, tras sólo 13 páginas estaba tan harta del polvo que desistí sin ningún remordimiento y condené al olvido a J. Steinbeck con la etiqueta de auténtico pelmazo.

Afortunadamente mi senda de lectora fue dirigiendo mis pasos de forma sutil hasta dar de nuevo con esta novela, me ofreció otros libros que me permitieron acercarme a J. Steinbeck desde otra perspectiva, Diario de Rusia y Viajes con Charlie (y la insistencia de Mr. Feynman) me animaron a intentarlo con De ratones y hombres y tras superar la prueba de la novela corta decidí dar una nueva oportunidad a la gran novela, al fin y al cabo había tenido muy poca paciencia aquella primera vez, puede que hubiera desistido demasiado rápido.

He de reconocer que en cuanto apareció de nuevo el polvo surgió el miedo a un nuevo rechazo, pero no permití que me intimidara y una vez superada la prueba he de confesar que ese afán descriptivo que me hizo huir en aquella primera ocasión es el mismo que  me ha fascinado tantos años después, me resulta asombroso pero si cierro los ojos soy capaz de imaginar con toda clase de detalles cualquier escenario de la novela y no solo los escenarios si no también los sentimientos e inquietudes de cada personaje, es fascinante la capacidad de J. Steinbeck para retratar las consecuencias de la gran crisis de los años 30 en el oeste de los Estados Unidos, como la ambición y el egoísmo de unos pocos, respaldados por el progreso y el poder, destrozó las vidas y esperanzas de una multitud hasta llevarles a límites inhumanos; miles de personas desplazándose en busca de una vida digna, trabajando en condiciones de casi esclavitud, que al tratar de organizarse para lograr salir adelante, son duramente acosados por esos poderosos sin escrúpulos y sus perros de presa. Qué triste que en la actualidad, mucho de todo esto me resulte familiar. 



lunes, 26 de diciembre de 2016

Adopta una autora

Hace unos meses comenzó a moverse en redes sociales una iniciativa para dar mayor visibilidad a las autoras mediante la publicación de artículos sobre la vida y obra de muchas de ellas, el proyecto #AdoptaUnaAutora que surgió de la mano de Carla Carbaes.

Estuve pensando en los libros escritos por mujeres que he leído en los últimos años, este año uno, el año anterior uno, hace dos años uno, 2013 fue un gran año, leí hasta cuatro libros escritos por mujeres. Decidí ir más allá y ver el número de autoras de mi biblioteca, escaso, muy escaso y el número de entradas que había dedicado a mujeres en este blog, una, dos a lo sumo si cuento a mi madre como autora, y debería porque los cuentos de mi infancia son una auténtica delicia.

 No es que tenga nada especial contra las autoras, no acostumbro a elegir mis lecturas fijándome en su autoría, salvo contadas excepciones como S. Zweig, R. Kapuznisky, M.Twain o M. Benedetti, la mayor parte de los libros que caen en mis manos lo hacen porque de alguna forma llamarón mi atención a través de recomendaciones en prensa y redes sociales,  así que  supongo que no tener una autora de cabecera y su menor promoción en los medios públicos y redes sociales inconscientemente me hace elegir libros escritos por hombres.

Así que viendo el lamentable estado de mi biblioteca y el déficit de lecturas en cuanto a mujeres se refiere decidí participar en el proyecto.

Adopté a Susana Tamaro, porque Donde el corazón te lleve permanece en mi recuerdo como un libro hermoso y de fácil lectura que suelo recomendar cuando alguien busca algo breve pero con sustancia,  así que pronto estará por aquí mi primera entrada sobre esta autora italiana.  








sábado, 24 de diciembre de 2016

Historias de Navidad

Quería felicitarte las fiestas con dos historias de Navidad, la primera, el famosísimo Cuento de Navidad de Charles Dickens, cayo en mis manos hace muchos años, ni si quiera recuerdo en qué circunstancias, probablemente fueron mis abuelos quienes me regalaron esta edición infantil alguna Navidad. Lo que sí recuerdo era sentarme cada año por estas fechas en la mecedora de su dormitorio, junto a la ventana para leer las historias del señor Scrooge y sus fantasmas.

La otra historia, un breve relato de Dylan Thomas, La Navidad para un niño en Gales, es un librito al que tengo mucho cariño y del que disfruto enormemente ya que algunas de sus escenas me trasladan directamente a la Navidad de mi infancia.

Aprovecho para contarte que  mañana a las doce del medio día vuelve el radioteatro de la Cadena Ser, este año precisamente con Cuento de Navidad de Charles Dickens.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Una madre, lo siento pero no.

Durante meses, una musiquilla machacona anunciaba en redes sociales el gran éxito de la temporada, Una madre. Lectores entusiasmados con la novela de Alejandro Palomas promocionaban con frenesí desbordado las hazañas de una madre entrañable y su dramática familia. Empujada por tanta exaltación dejé a un lado mis prejuicios sobre los autores de actualidad (este tema me daría para otra entrada), cedí ante la avalancha de ardientes recomendaciones y Una madre entró en mi lista para la Feria del libro.

Me pasé toda la novela esperando algo, ese algo que todos prometían, la gran novela, la novela que llega al corazón, un madre maravillosa y peculiar, Amelia, esa madre que me iba a fascinar, hasta la mujer que me vendió el libro en la Feria me dijo que el personaje era fantástico y me iba a entusiasmar, ¿por qué, porque tiene cómo llamarlo… «sus cosas»? ¿y qué madre no las tiene?, la mía desde luego que sí y mi abuela ni te cuento, pregunta a Mr. Feynman y seguramente se partirá de risa pensando en mi colección de «cosas», porque yo también soy madre.

No digo que sea una mal libro, lo que digo es que mis expectativas fueron cebadas sobremanera por toda la promoción que del libro se hizo en redes sociales. En mi opinión es un libro bonito pero discreto de los que hay cientos, «novela grande» es otra cosa.      

   Qué ingenua, se trataba simplemente de «un escritor de éxito en promoción».                                     
 
     Eso sí, siento curiosidad por saber cuál es exactamente la «voz de maestrilla mesetaria».       

martes, 13 de septiembre de 2016

Alicia en el País de las Maravillas


     No hay mejor lugar para pasar un rato agradable que una librería, pasear entre sus estanterías repletas de libros me relaja más que cinco saquitos de tila en una misma taza. 

     A veces entro con la más clara intención de pasar un pequeño rato simplemente curioseando, muchas veces pienso: «no voy a llevarme nada, sólo estoy pasando el rato», pero sé que no es verdad, porque no es un secreto que soy incapaz de entrar en una librería y salir de ella sin un libro entre las manos y aquella tarde de verano no iba a ser una excepción.

     Entramos en la librería huyendo del tortuoso calor de agosto en busca del fresco (a veces exagerado) aire acondicionado. Mr. Feynman se perdió por el pasillo de las Ciencias y yo me dediqué a pasear entre las estanterías con la mirada perdida, tratando de no fijarme en los títulos mientras empujaba el carro de la Mona. 

     Como muchas otras veces, mi intención no era la de encontrar un libro, pero en este caso el libro me encontró a mí, o mejor dicho, Mr. Feynman lo encontró para mí, porque al rato de separarnos apareció con una hermosa edición ilustrada de Alicia en el País de las Maravillas.

     Tomé el libro entre mis manos, curioseándolo con cierta inquietud satisfactoria pero pensando en la pila de libros pendientes de leer que se acumula en mi escritorio. 

     Era una bonita edición ilustrada de Sexto Piso, en formato de bolsillo muy manejable, pero lo mejor fue que al girar el libro para ver la contraportada descubrí para mi sorpresa que no existía tal contraportada si no que en el reverso y volteando el libro comenzaba el segundo de los relatos que sobre Alicia escribió L.Carrol, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, contagiando a la edición del toque disparatado de las historias de L.Carrol. 

     Aquello me entusiasmo, ¡cómo resistirse!, la inquietud de pensar que tal vez cuando me decidiera a llevarlo podrían no quedar ejemplares o aún peor, que estuviera descatalogado, pudo con el peso de la pila de libros por leer, aquel tesoro tenía que ser mío, así que ocurrió lo de siempre, salí de la librería con un libro.

    Alicia fue uno de mis personajes favoritos de la infancia, mi primera colección de libros fue una de clásicos de Disney y de aquellos ocho libros, mi preferido era el que incluía las disparatadas aventuras de Alicia y sus divertidos personajes, el conejo blanco, el gato de Cheshire, el sombrero loco, la liebre de marzo y la chiflada reina de corazones que sin ningún reparo iba condenando a sus súbditos al grito de «¡qué le corten la cabeza!» mientras el rey, a sus espaldas, repartía indultos.


   He viajado a mi infancia y con gran emoción he recordado cada momento del libro, absolutamente disparatado y muy divertido, descubriendo que la versión de Disney mezcla las historias de ambos libros, Alicia en el País de las Maravillas y A través del espejo y lo que Alicia encontró allí.




martes, 7 de junio de 2016

Gente, años, vida

       Hace poco más de un año que terminé de leer la fantástica autobiografía de Iliá Ehrenburg, por aquel entonces mi barriga ya tenía un tamaño considerable que me impedía sentarme con comodidad delante del ordenador. Han pasado más de 13 meses pero recuerdo perfectamente la sensación que me dejó el libro, viajar por la Europa de la primera mitad del siglo XX de la mano de Iliá Ehernburg fue una de las experiencias literarias más fabulosas de mi vida. Dos mil páginas plagadas de gente, años, vida.

Siento una profunda admiración por alguien capaz de describir de una forma tan apasionada los recuerdos de toda una vida, de una época intensa en la que los acontecimientos históricos se sucedían sin descanso, pidiendo paso a trompicones y sin dejar a penas tiempo para asimilar el pasado.

Iliá Ehrenburg, un personaje quizá controvertido, se relacionó con numerosos artistas, intelectuales y escritores de la época (Bloch, Romain Rolland, Chagal o Max Jacobs, son algunos de ellos) y mantuvo una buena amistad con muchos otros (Picasso, Modigliani, Leger, Diego Rivera, Maiakovski, A Tolstoy...) Fue un asiduo visitante del mítico café La Rotonde donde «conocí a personas que desempeñaron un papel importante en mi vida». No fue un mero observador de cuánto allí sucedía, si no uno más de los interesantísimos personajes que se daban cita en La Rotonde. Ehrenburg dedica una buena parte de sus memorias a todos ellos:

Picasso «Por supuesto es español, tanto por su físico como por su carácter […] En su estudio de la rue Grands Augustin siempre encontraba emigrados españoles. Picasso nunca niega nada a los españoles».

Modigliani «Los lienzos de Modigliani contarán muchas cosas a las generaciones futuras. Pero yo los miro y veo ante mí al amigo de mi lejana juventud. ¡Cómo amaba a los hombres, cómo se inquietaba por ellos!».

A. Tolstoi «Pienso en él con profundo agradecimiento [...] No me dio lecciones, pero sí muchas alegrías con su arte, la finura de su alma, disimulada a menudo bajo una máscara de alegría, sus ganas de vivir, su fidelidad a los amigos, a la gente, al arte».

Diego Rivera «Rivera era esa clase de personas que no entran en una habitación, sino que la llenan al instante. Nuestra época oprimió a muchos, pero él no cedió, y fue su época la que tuvo que transigir».

Leger «Lo que le emparentaba con otros pintores que frecuentaban La Rotonde era su odio a la hipocresía, a la pintura decorativa, a la manía de tapar con cortinas las viejas paredes de las habitaciones mohosas. [...] Leger, en su juventud, quería construir y no destruir. Vivió hasta los setenta y cinco años, y en su biografía no hay cataclismos, sólo un cambio de estaciones, y trabajo, un trabajo constante, inspirado».

Habla de ellos y de muchos otros con amor y con profunda añoranza evoca los recuerdos de una época difícil pero a la vez hermosa e idealista, « [...] queríamos que en el nuevo mundo hubiera lugar para algunas cosas muy antiguas: el amor, la belleza y el arte».

Viajero incansable, visitó numerosos países, entre ellos España, donde fue corresponsal de prensa durante la Guerra Civil y por la que sentía un gran amor.

Fue un activo defensor de la paz y formó parte del Consejo Mundial de la Paz junto con otros activistas como Louis Aragón, Pablo Neruda, Joliot-Curie o Yves Farge, de quién dice: «En aquellos años más de una vez me sentí abatido, desesperanzado y lleno de aprensión, pero Farge que me contagiaba siempre su esperanza [...] Era un hombre demasiado bueno, demasiado puro, demasiado optimista como para creer en el triunfo de la bajeza y la maldad».

Fue seducido por el comunismo y colaboró con el régimen en distintas facetas artísticas, culturales y de propaganda, aunque a lo largo del libro manifiesta ser consciente de los atropellos, injusticias y barbaridades que en nombre del comunismo se cometieron durante muchos años y su total desacuerdo con estos crímenes. Él mismo sufrió el miedo y la incertidumbre de no saber en que momento irían a por él. Iliá Ehrenburg, a pesar de ser reconocido como propagandista del comunismo fue un hombre molesto para el régimen soviético, de hecho, su autobiografía fue censurada en la Unión Soviética hasta 1990.

Después de leer sus memorias, decir que dedicó su vida a la propaganda me parece algo superficial, pero entiendo que cada uno tendrá su opinión al respecto.

Lo más inquietante es que muchas de sus reflexiones sobre aquella época convulsa y catastrófica, están hoy de máxima actualidad, ¿será posible que los europeos no hayamos aprendido nada de los errores de nuestro pasado? «El mal radica en que las personas consideran que sus costumbres o, como dicen ahora, su forma de vida, son las únicas justas y condenan, si no en voz alta, sí en su fuero interno, todo cuanto se aparta de ellas».

No me cabe ninguna duda de que volveré sobre los pasos de Iliá Ehrenburg, tengo la más absoluta certeza de que en un futuro volveré a sumergirme en sus fantásticas memorias, un resumen excepcional de la primera mitad del siglo XX, desde la Revolución Bolchevique hasta la Guerra Fría.