miércoles, 18 de mayo de 2016

Algo de poesía

   En un día tan bonito como este, nos merecemos algo de poesía…

   Yo prefería andar
   por el río…
   Siempre
   Y sentir las piedras
   en los pies
   como cristales
   de un proyecto de faquir

   Yo prefería andar
   por el río…
   Siempre
   Y sentir los barbos
   duros, inquietos,
   miradas pálidas
   de ojos tristes

   Yo prefería andar
   por el río…
   Siempre
   Y escuchar silbar
   a los juncos
   ordenados y salvajes

   Yo prefería andar
   por el río…
   Siempre
   Y dejarme acariciar
   por las sombras
   de los sauces y los chopos
   vigilantes en nómina

   Yo prefería andar
   por el río…
   Siempre
   Tropezar
   Caer
   Rodar
   Volver a ser agua eterna
   y correr…
   Correr hasta encontrar mi mar.

                            Tokyo, Barcelona, Albalate.                     
                            De mi buen amigo, Sergio.

martes, 10 de mayo de 2016

Robinson Crusoe

Una de las cosas que más eché de menos durante los primeros meses de vida de la Mona fue la lectura. Desde muy pequeña estoy acostumbrada a sumergirme a menudo en los libros para buscar algo de paz y durante aquellos primeros meses de maternidad primeriza fue algo completamente imposible. Por eso, desde el Día de reyes, en que Mr. Feynman me sorprendiera con una hermosa edición ilustrada de Robinson Crusoe no podía dejar de pensar en el momento de retomar mi relación con los libros.

No es que en los últimos meses no haya leído nada, poco a poco y a partir del tercer mes, la Mona me fue dejando algún huequito y así pude terminar la autobiografía de Slawomir Mrozek, (que tenía pendiente porque el parto me sorprendió con quince días de adelanto), o la biografía de María Estuardo, que fui leyendo poquito a poco, sacando unos minutitos de aquí y de allá y disfrutando así, una vez más, del más puro y apasionado Stefan Zweig.

Pero a lo que iba, cuando Robinson Crusoe llegó a mis manos lo coloqué en un lugar privilegiado de la estantería y cada vez que lo veía suspiraba soñando con el día en que pudiera disfrutar de algo de tiempo para perderme entre sus páginas, no quería comenzar su lectura hasta no tener la seguridad de que podría disponer del tiempo suficiente para darle cierta continuidad, además, Mr. Feynman había dado en el clavo con aquel libro, perderme en una isla desierta es algo que en ocasiones se me antoja un sueño por conquistar, no es que esté disgustada con la maternidad, soy muy feliz, pero resulta tan agotador que la posibilidad de poder escapar durante un rato a una isla desierta resulta una opción muy deseable.

Por fin, hace un par de semanas, ese día llegó, la Mona ya duerme toda la noche en su dormitorio, de ocho a ocho, ¡maravilla!, lo que me permite descansar por la noche y no tener que aprovechar cualquier momento libre para echar una cabezada, y ¡oh, milagro! también ha empezado a dormir dos largas siestas durante el día.

Así que para celebrar el Día del libro saqué a Robinson de la estantería y me embarqué rumbo a su isla desierta. La edición que eligió para mi Mr. Feynman (de Sexto Piso) es muy bonita e incluye unas hermosas ilustraciones en la parte final, aunque yo las habría preferido intercaladas a lo largo del libro supongo que habrá un porqué para está ubicación.

Estoy disfrutando enormemente de su lectura y aunque durante mi etapa escolar leí una versión reducida en inglés, afortunadamente no recordaba nada más que la llegada de Viernes, por lo que todas las aventuras de Mr. Crusoe me resultan tan excitantes como al mismísimo Robinson y me doy cuenta de que viendo que se acerca el final comienzo a reducir el ritmo de lectura, algo que hago inconscientemente siempre que disfruto de forma especial con un libro, tratando de prolongar algo más la diversión, pero me temo que esta misma noche me despediré de Robinson, Kioto me llama a voces desde la estantería.

martes, 1 de marzo de 2016

Día 17: En Meteora


En la llanura de Tesalia encontramos una zona de peñascos de piedra arenisca. Fueron esos peñascos los que una serie de monjes eremitas eligieron para establecer su retiro, construyendo hermosos monasterios en busca de la soledad espiritual.


Llegaron a ser 24 monasterios, de los que en la actualidad sólo quedan 13 y abiertos al público tan sólo 6.

- Monasterio de la Trasfiguración o Gran Meteoro: el más conocido.
- Monasterios de San Nicolás: Construido a principios del siglo XVI.
- Monasterio de Varlaam.
- Monasterio de Roussanou.
- Monasterio de la Santísima Trinidad: Difícil accesibilidad.
- Monasterio de San Esteban: El más accesible


En el día 17 de nuestro viaje realizamos una ruta por esta zona para visitar algunos de sus monasterios, que se concentran en un área de 17 kilómetros. La entrada a cada monasterio costaba entonces 2 ó 3 euros y los días y horarios de apertura variaban. En cuanto a la vestimenta, las mujeres no pueden acceder con pantalones cortos o minifalda y deben llevar los hombros cubiertos; los hombres no pueden acceder con pantalones cortos y camisetas de tirantes. Aunque en algunos monasterios son más flexibles con estas normas.

 


Nosotros solo visitamos tres de los monasterios, ya que estábamos de paso y teníamos que continuar nuestra ruta hacia el sur.

      
       

     

Las localidades más cercanas para buscar alojamiento son Kastraki y Kalambaca. Como íbamos de paso y no pernoctamos en la zona, no puedo recomendar ningún establecimiento. 

Aquella noche la pasamos en Loutra Ipatis, una pequeña población conocida por sus aguas termales, y situada a 90 kilometros al norte de Delfos, que era nuestra siguiente visita. Debía ser temporada baja, porque el pueblo estaba casi vacío. Nos alojamos en un hotel tipo residencia, el hotel Lux, lo recuerdo perfectamente porque el dueño resultó ser una persona muy hospitalaria y amable; aquel día España jugaba la semifinal de baloncesto de la olimpiada de 2012 y este señor contactó con el restaurante de un amigo para que nos dieran de cenar a las siete de la tarde y nos pusieran el partido.

  Cenamos de maravilla y disfrutamos de la victoria de España como si estuviéramos en nuestra propia casa. 

    Próxima parada: Visita a Delphos.