martes, 13 de septiembre de 2016

Alicia en el País de las Maravillas


     No hay mejor lugar para pasar un rato agradable que una librería, pasear entre sus estanterías repletas de libros me relaja más que cinco saquitos de tila en una misma taza. 

     A veces entro con la más clara intención de pasar un pequeño rato simplemente curioseando, muchas veces pienso: «no voy a llevarme nada, sólo estoy pasando el rato», pero sé que no es verdad, porque no es un secreto que soy incapaz de entrar en una librería y salir de ella sin un libro entre las manos y aquella tarde de verano no iba a ser una excepción.

     Entramos en la librería huyendo del tortuoso calor de agosto en busca del fresco (a veces exagerado) aire acondicionado. Mr. Feynman se perdió por el pasillo de las Ciencias y yo me dediqué a pasear entre las estanterías con la mirada perdida, tratando de no fijarme en los títulos mientras empujaba el carro de la Mona. 

     Como muchas otras veces, mi intención no era la de encontrar un libro, pero en este caso el libro me encontró a mí, o mejor dicho, Mr. Feynman lo encontró para mí, porque al rato de separarnos apareció con una hermosa edición ilustrada de Alicia en el País de las Maravillas.

     Tomé el libro entre mis manos, curioseándolo con cierta inquietud satisfactoria pero pensando en la pila de libros pendientes de leer que se acumula en mi escritorio. 

     Era una bonita edición ilustrada de Sexto Piso, en formato de bolsillo muy manejable, pero lo mejor fue que al girar el libro para ver la contraportada descubrí para mi sorpresa que no existía tal contraportada si no que en el reverso y volteando el libro comenzaba el segundo de los relatos que sobre Alicia escribió L.Carrol, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, contagiando a la edición del toque disparatado de las historias de L.Carrol. 

     Aquello me entusiasmo, ¡cómo resistirse!, la inquietud de pensar que tal vez cuando me decidiera a llevarlo podrían no quedar ejemplares o aún peor, que estuviera descatalogado, pudo con el peso de la pila de libros por leer, aquel tesoro tenía que ser mío, así que ocurrió lo de siempre, salí de la librería con un libro.

    Alicia fue uno de mis personajes favoritos de la infancia, mi primera colección de libros fue una de clásicos de Disney y de aquellos ocho libros, mi preferido era el que incluía las disparatadas aventuras de Alicia y sus divertidos personajes, el conejo blanco, el gato de Cheshire, el sombrero loco, la liebre de marzo y la chiflada reina de corazones que sin ningún reparo iba condenando a sus súbditos al grito de «¡qué le corten la cabeza!» mientras el rey, a sus espaldas, repartía indultos.


   He viajado a mi infancia y con gran emoción he recordado cada momento del libro, absolutamente disparatado y muy divertido, descubriendo que la versión de Disney mezcla las historias de ambos libros, Alicia en el País de las Maravillas y A través del espejo y lo que Alicia encontró allí.




martes, 6 de septiembre de 2016

Día 18: Visita a Delphos


    Una de las paradas más interesantes del viaje fue la visita a la antigua ciudad  de  Delphos, ubicada en la ladera sur del Monte Parnaso.
  
     Si vas en verano es recomendable llegar temprano, ya que a las once de la mañana empieza a hacer demasiado calor y hay mucho por ver, lo mejor es dejar el museo para el final, cuando el calor se hace intenso. Es importante no olvidar llevar algo de agua, aunque en la entrada hay máquinas expendedoras, algo común en todos los monumentos griegos, también me llamó mucho la atención que una botella de medio litro costaba cincuenta céntimos en todo el país, ya fuera en una población poco habitada de alguna isla, en medio de los montes Pindos o en frente de la Acrópolis de Atenas. Además viene muy bien llevar un gorro para protegerse del sol.

      La visita se divide en tres partes:


     En la parte alta de la ladera se encuentra el santuario de Apolo (I), que incluye varias edificaciones como el teatro, el tesoro, el estadio y el templo de Apolo. 




    En la parte media, a la altura de la carretera y zona de aparcamiento, está el museo arqueológico (II), donde se exponen los tesoros hallados durante las excavaciones.

    Por debajo de la carretera queda el famosísimo Santuario de Atenea (III), donde no pudimos evitar hacer la típica fotografía del templo circular que aparece en todos los libros de historia.




    En el verano de 2012 la entrada costaba 9€ e incluía las tres zonas.


    A medio día salimos hacia la península del Peloponeso, fuimos haciendo paradas a lo largo del trayecto, pequeños pueblos pesqueros se extienden a lo largo de toda la costa.

   Pasamos la noche en las afueras de Kalamata, pensando en salir a primera hora de la mañana hacia nuestra siguiente parada: Olympia.

    Próxima parada: En el Peloponeso, visita a Olympia.


martes, 30 de agosto de 2016

En la Sierra de Aracena con la Familia Karnowsky

    Buscando algo de paz y tranquilidad he pasado unos días de descanso con Mr. Feynman en la serranía de Huelva. Dejamos a la Mona con los abuelos y salimos rumbo al Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche con la inquietud de ser la primera vez que me alejaba tanto tiempo de la Mona, pero entusiasmada con la idea de recuperar por unos días algo de la libertad que hace nueve meses perdí.

    A media tarde llegamos a nuestro destino, Casa Vesta, una bellísima casa rural que recuerda a las edificaciones de los cortijos, con una bonita galería porticada y en su interior amplios salones y 8 dormitorios; en el exterior, una zona ajardinada, una terraza con piscina y hasta un pequeño huerto. Tranquilidad fue lo primero que me transmitió al llegar y efectivamente durante estos cuatro días he tenido la sensación de que el tiempo se detenía, un lugar idílico emplazado en lo alto de una colina. Situada en el pintoresco municipio de Zufre, la casa tiene una ubicación estupenda con respecto del pueblo, lo suficientemente alejada para respetar su tranquilidad pero a una distancia muy adecuada para acercarse dando un pequeño paseo.


             


    La terraza, habilitada como solárium con piscina, me invitaba cada día a pasar allí las horas contemplando las hermosas vistas del valle y el pantano, entre baños y lectura.


                    

    Descanso y lectura, esas han sido mis actividades principales durante los cuatro días que he pasado allí, descanso que tanto necesitaba después de los últimos agotadores nueve meses y lectura, que aunque voy retomando poco a poco, tanto he añorado. La Familia Karnowsky me ha acompañado en este breve paréntesis de pañales y biberones, la historia de tres generaciones de una misma familia centroeuropea  durante la primera mitad del siglo XX. En principio, una historia más de las que se han escrito miles, pero me interesé por ella al leer una critica que comparaba esta novela con Los Buddenbrook,  así que me sumergí entre sus páginas preguntándome  si realmente estaría a la altura de la más  famosa familia de Thomas Mann y he de decir que sí,  ambas  me han gustado por igual.  Lo que  me ha entusiasmado  del libro es que cada vez que pensaba que el argumento caería en un tópico la historia daba un giro para continuar por una senda que me sorprendía muy gratamente, así hasta el mismísimo párrafo final, ¡y qué final! para mi gusto, impecable. Sí, no contaré más, tendrás que leerlo si quieres saber de lo que hablo.


    Esta breve estancia en Casa Vesta ha sido una experiencia muy agradable no solo por la tranquilidad del ambiente, las hermosas vistas y las fantásticas instalaciones, también por la estupenda atención que en todo momento nos prestó José Ángel, siempre al tanto de nuestras necesidades con gran amabilidad, disposición y una sonrisa.

    Gisela y Fernando son los magníficos anfitriones de este bello rincón, charlando con ellos pasamos momentos muy agradables, además de disfrutar de sus estupendas recomendaciones gastronómicas: Arrieros, alta cocina en Linares de la Sierra y Jacarandá, tapas caseras excepcionales en Higuera de la Sierra, además de aconsejarnos para el camino de vuelta a Madrid una parada rápida en La Majada, donde nos sirvieron con gran agilidad unos huevos con migas riquísimos y una ración de jamón, en 20 minutos estábamos de nuevo en carretera, con buenos profesionales prestando servicios es más sencillo viajar.

    Adela es la jefa de sala en Arrieros y Luismi su cocinero (además de ser los propietarios). El azar fue el responsable de que el reparto de tareas quedara configurado de esta manera, porque fue una moneda al aire la que decidió que Luismi estudiaría cocina para encargarse de los fogones y Adela, con su simpatía, atendería a los comensales en este acogedor y sencillo restaurante de la serranía de Huelva. Esta fue la bonita anécdota que nos conto Adela mientras degustábamos un exquisito menú compuesto por:

   Entradas:
   - Carpacho de presa, foie y vinagre del Condado.
   - Salmorejo de zanahoria.

   Principales:
   - Musaca de ibérico.
   - Hamburguesa de pluma ibérica, setas y naranja.

   Postres:
   - Poleá.
   - Sorbete de ciruela.

   Disfrutamos de la comida, del servicio y del entorno (un antiguo corral reconvertido en mesón). Una experiencia fabulosa que no puedo dejar de recomendar.


   Jacarandá es una taberna en Higuera de la Sierra, al cruzar el umbral y sentarte a la mesa no imaginas el fabuloso festín que te espera. Isaac  (su simpático propietario), que junto con Elena atiende la sala, preparó para nosotros un menú degustación para que pudiéramos disfrutar de la variedad de su carta.

   Entradas:
   - Salmorejo de remolacha.
   - Tostas de sardinas.
   - Berenjenas fritas con miel.
   - Revuelto de Ibérico con morcilla.

   Principales:
   - Risotto con setas (del bueno, del que sirven en muy pocos restaurantes)
   - Solomillo de buey.

   Postres:
   - Culán de chocolate.
   - Tarta de queso con Moisés de naranja y mermelada.

   Excelente cocina y un trato estupendo, una encantadora sorpresa en un pequeño rincón de la sierra de Huelva. Si vas por allí, no te lo pierdas y déjate aconsejar por Isaac.



     Aprovechando que nos encontrábamos en una región donde se produce uno de los mejores  jamones  ibéricos de la península, nos acercamos a las instalaciones de la empresa Eíriz para visitar su dehesa y sus bodegas, donde Jesús nos mostró el proceso de elaboración desde que el cochino vive alegre correteando por la dehesa hasta que sale al mercado en forma de jamón, panceta, lomo y demás tajadas exquisitas, además de darnos algunas pautas para poder distinguir los distintos productos ibéricos, tanto por su aspecto como por su etiquetado,  para terminar con una deliciosa degustación de algunos de sus productos.



   Y como el buen jamón es un alimento del que jamás me podría cansar, después de la visita a Eíriz nos fuimos a Aracena a comer un poquito más en Casas, un restaurante familiar donde nos hicieron reír a carcajadas con su gran simpatía.

   Y así, entre lecturas, baños y gastronomía pasaron los días y cuando me quise dar cuenta, de nuevo tenía a la Mona entre mis brazos, pidiéndome un biberón y una canción.